Más tarde, con la aparición de los diarios en el siglo XVII y el desarrollo de la publicidad como modelo de financiamiento durante el siglo XIX, los medios comenzaron a competir por la atención de las audiencias. El tipo de contenido, el tono y manera, se convirtieron en diferenciador y en motivo de críticas y regulación. La tensión entre influencia, negocio y responsabilidad no es nueva, solo ha cambiado de actores.
El siglo XX trajo consigo la radio y luego la televisión. Ambos medios consolidaron un modelo “gratuito” que se sostenía en la venta de audiencias a los anunciantes.
En los 70 y 80, el debate sobre la televisión fue intenso. Surgió el término “caja boba” para describirla, para sus críticos, promovía el consumo pasivo y reducía capacidad crítica de las audiencias. Lo cierto es que la televisión se consolidó como el medio más eficiente desde el punto de vista publicitario. La programación se diseñaba combinando intuición, datos de audiencia y creatividad, en una competencia feroz por el rating. En Ecuador llegó a concentrar el 50% de la inversión publicitaria.
Este ecosistema ha sufrido un cambio profundo. La explosión de las redes sociales cambió totalmente habitos de consumo. Redes como Facebook en 2004, YouTube en 2005, Instagram en 2010 y Tiktok en 2018 redefinieron la manera de informarse y entretenerse. Hoy la mayor inversión publicitaria va a medios digitales que obtienen más del 43% de esta.
Ahora el contenido no depende de una parrilla fija. Es dinámico, personalizado e infinito. Los algoritmos analizan el comportamiento de cada usuario y optimizan en tiempo real lo que se le muestra. Según datos recientes, una persona pasa en promedio entre cinco y seis horas diarias frente a pantallas y más del 60% de ese tiempo ocurre en dispositivos móviles. Esto ha cambiado la forma en que procesamos la información. La sobreexposición a estímulos, la gratificación inmediata y la repetición de contenidos similares refuerzan sesgos y reducen la diversidad informativa. A diferencia de la radio o la televisión, donde existían pausas naturales, hoy el consumo es continuo. El llamado scroll infinito prolonga la permanencia de forma casi indefinida.
Demandas en Estados Unidos llevaron a que tribunales analizaran el impacto de las redes sociales en la salud mental de adolescentes. En California hace pocos días decisiones judiciales han señalado la responsabilidad ineludible de las plataformas en el diseño de sistemas que fomentan su uso compulsivo. Esto marca un punto de inflexión.
La historia demuestra que cada avance tecnológico redefine la influencia sobre las audiencias. Hoy los algoritmos están cuestionados. Ignorar este cambio no es una opción. Para los anunciantes, entenderlo y anticiparse es una cuestión de supervivencia estratégica.
Para la industria publicitaria, el riesgo es evidente. Los anunciantes han apostado por la precisión y eficiencia de estos algoritmos para segmentar audiencias y maximizar resultados. Sin embargo, si las regulaciones obligan a modificarlos, la lógica de segmentación y alcance podría cambiar de manera significativa. Así como antes las marcas cuidaron no asociarse al contenido de ciertos medios impresos o ciertos programas de TV, ahora deberán repensar estar en plataformas cuestionadas. Mc Luhan sigue vigente: El medio es el mensaje.
(Publicado previamente en Expreso)
Presidente Ejecutivo Alterno y Gerente General de OI Comunicaciones, asociada a Fleishman-Hillard.Director Ejecutivo del ITSU. Instituto Tecnológico Superior Urdesa.
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