Cuando una crisis golpea a una marca, los manuales son claros: suspenda la publicidad, concéntrese en los hechos, muestre empatía, coopere con las autoridades y espere a que pase la tormenta. Taco Bell hizo todo eso durante el reciente brote de Cyclospora en USA asociado a lechuga contaminada que llevo a cientos de personas al hospital en varios estados. Pero hizo algo que muchos expertos habrían considerado una imprudencia, lanzó una campaña promocional en plena crisis, por esa razón, este caso merece estudiarse.
La compañía reaccionó con rapidez. Retiró el ingrediente cuestionado, colaboró con las autoridades sanitarias y mantuvo una narrativa consistente. No negó el problema, no buscó excusas ni intentó convencer al público de que nada había ocurrido. Su mensaje fue claro, identificamos el origen del problema, retiramos el producto involucrado y estamos investigando lo sucedido.
Desde el punto de vista de la comunicación de crisis y preservación de reputación la estrategia fue correcta. Taco Bell ubicó el origen del problema en un proveedor y un ingrediente y evitó que la conversación derivara hacia posibles fallas en sus restaurantes, pero las personas no dicen que se enfermaron por culpa de una lechuga contaminada, dicen que se enfermaron comiendo en Taco Bell. Y esa diferencia es clave.
Aunque la empresa actuó rápido, el impacto comercial fue fuerte. Las visitas a los restaurantes se estima que cayeron alrededor del 31%. La marca, a pesar de que había ganado la discusión sobre la causa del problema seguía perdiendo la batalla más importante. Ahí apareció el movimiento más interesante de toda la crisis.
Mientras la organización continuaba comunicando transparencia y acciones correctivas, lanzó una promoción agresiva. Para muchos especialistas aquello rozaba la herejía. Durante años se ha repetido que una empresa no debe hacer publicidad comercial en medio de una crisis porque corre el riesgo de parecer indiferente o desconectada de la situación y porque al haber dudas sobre la marca es dinero desperdiciado. La recomendación tiene lógica, pero una crisis no termina cuando la empresa logra explicar lo ocurrido.
Taco Bell entendió algo que a veces se pierde entre protocolos y comunicados. La confianza rara vez vuelve gracias a una declaración corporativa. Regresa cuando las personas vuelven a tener una experiencia positiva con la marca.
La compañía ejecutó una acción de marketing audaz, impulsó el regreso del Enchirrito a un precio especial por 24 horas. No presentó la promoción como una respuesta a la crisis, ni indicó que no tenía lechuga. Hacerlo habría sido torpe y habría devuelto la atención al problema sanitario. Simplemente ofreció el producto a un dólar y dio a los consumidores una razón concreta para regresar.
La promoción cumplió varios objetivos al mismo tiempo. Generó tráfico, desplazó la conversación hacia una oferta atractiva y permitió que miles de clientes volvieran a interactuar con la marca en condiciones normales. No era una campaña para explicar la crisis. Era una campaña para superarla.
Pero la recuperación comenzó cuando entendió algo que no siempre aparece en los libros. La reputación no se reconstruye únicamente con explicaciones. También se reconstruye creando oportunidades para que la gente vuelva a confiar.
El Enchirrito a $1 no eliminó la contaminación, no borró el miedo inicial ni sustituyó una gestión adecuada de la crisis. Hizo algo adicional, convirtió la confianza generada en una experiencia concreta.
Porque en reputación corporativa existe una diferencia enorme entre demostrar que uno tiene razón y lograr que el cliente regrese. Y para cualquier empresa, sin lo segundo la crisis no se ha resuelto.
%2012.32.01%E2%80%AFp.%C2%A0m..png)
%2011.50.25%E2%80%AFa.%C2%A0m..png)
%205.53.03%E2%80%AFp.%C2%A0m..png)
%2011.47.52%E2%80%AFa.%C2%A0m..png)
![Validate my Atom 1.0 feed [Valid Atom 1.0]](https://www.feedvalidator.org/images/valid-atom.png)
0 comentarios:
Publicar un comentario